Anteriormente ya
habíamos conocido el trabajo de Daniel Rodríguez. Habíamos tenido la
oportunidad de que él expusiera ante nosotros su línea de investigación. Sin embargo,
en esta ocasión presentó una introducción que abordó elementos que no fueron
tratados en ocasiones pasadas. La Lingüística Sistémico-Funcional, se dijo,
parte de la naturaleza semiótico-social del lenguaje. En primer lugar porque,
en tanto que sistema semiótico, el lenguaje es capaz de generar significado; en
segundo lugar, porque se toma en cuenta el contexto cultural de la interacción.
Al usar el lenguaje con propósitos específicos se pone en relieve su carácter
funcional; al centrarse en los recursos lingüísticos de los hablantes,
principalmente en el carácter paradigmático de la lengua, se enfatiza su
sistematicidad.
Diana ya ha transcrito el cuadro del
sistema social y lingüístico. Yo sólo quiero apuntar algunos aspectos que me parecieron
interesantes. Todo texto tiene un potencial lingüístico y cultural. Este
potencial se manifiesta en una situación específica que permite su correcta
interpretación (que en la teoría proviene del contexto situacional antropológico que fue adaptado a la lingüística).
Finalmente, Halliday et al. diferencian tres dimensiones contextuales:
campo, tenor y modo. El primero refiere a la naturaleza de la actividad
socio-semiótica (¿se relaciona con la “práctica sociocultural” visto en el
análisis crítico del discurso de Fairclough y revisado en la sesión pasada?).
El segundo tiene que ver con la función de los hablantes dentro de la situación.
El tercero se refiere al papel que juega el lenguaje en la situación.
Lo que me parece interesante, y lo dice Yazmín también, es el hecho de que
la Lingüística Sistémico-Funcional tiene un marco teórico y una metodología.
Desde perspectivas como la presentada en esa sesión, entendemos que el análisis
lingüístico requiere la integración de otros sistema semióticos, como la
cultura, para una adecuada interpretación.
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