La sesión pasada, Briseida expuso la teoría de la enunciación de Émile Benveniste. Algunos puntos
importante, a mi parecer, son:
1.
Benveniste se inserta en la tradición de Pierce y Saussure. Ubica a la Lingüística como parte de una ciencia mayor: la semiología (en
este sentido creo que está más cerca de Saussure que de Piece). Cada sistema
semiológico se determina por su modo de operación, dominio de validez,
naturaleza, el número de signos y su tipo de funcionamiento. Estas
características diferencian los sistemas icónicos, musicales, lingüísticos,
entre otros.
2.
Para
Benveniste, existen relaciones entre sistemas de signos. Sin embargo, la lengua
tiene una función fundamental puesto que es el único sistema a través
del cual se puede interpretar otro sistema semiótico. La lengua como
interpretante.
3.
La
lengua se manifiesta en la enunciación y se actualiza en el momento de la
enunciación; organiza la experiencia humana. Los signos, “un algo que
representa otra cosa”, adquieren significado en el momento de la enunciación. Sin
embargo, las condiciones requeridas para que ese signo signifique están determinadas por la persona que enuncia, el tiempo y el espacio de la
enunciación. Estas variables dan sentido a lo que se dice.
Me recordó
mucho a mis clases de licenciatura (y más por el ejercicio que propuso
Briseida). Aunque es una propuesta teórica que nace de la lingüística, se
retoman muchos aspectos en la teoría literaria, sobre todo en el asunto de las “voces” narrativas.
Como se apunto en
clase, las diferencias entre quién habla, de qué habla, cuándo habla y desde
dónde habla, son aspectos que se dan por obvias. No es un asunto complicado
pero, al parecer, no habían sido explicados hasta el trabajo de Benveniste.
Estos puntos se expresan en estructuras lingüísticas diversas, desde el pronombre
hasta los deícticos, y dan cuenta de cómo se posiciona el sujeto enunciador en
el discurso.